Día 3: Arlon – Bruselas

Estábamos en Arlon (dicen que la población más antigua de Bélgica) y teníamos bastante claro lo que debíamos ver allí: La Iglesia de St. Donat. En la oficina nos explicaron cómo llegar y nos dijeron que habláramos con el párroco porque nos podía dar información al respecto. Llegamos a la iglesia y a las primeras de cambio vemos con sorpresa este escudo de los austrias españoles que reafirman lo que habíamos investigado

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Cuando localizamos al párroco le decimos que somos españoles y que estamos investigando sobre la época española y que habíamos leído que la iglesia era de la época española.

— ¿Espagnole ? Pas de rien.

Sonó como un ‘No, nunca jamas’. Nos dijo que era antigua pero no de los españoles. Le digo que me he explicado mal que es de la época de los españoles (que no es lo mismo). Misma respuesta:

–Non, non…

Le apunto entonces al escudo y me dice que eso lo pusieron después, que es un misterio pero que la iglesia no es de la época española. Visto lo visto, le dí las gracias por su tiempo y nos marchamos.

Bueno tal vez sea como dice el cura… Pero la piedra del escudo tiene el mismo color y desgaste que la pared que la soporta.  La pondrían después… Sí, el día después de acabarla, seguramente.

Como nos han firmado en la oficina, nos acercamos dando un paseo hasta la cercana catedral de San Martin. Coincidió que estaba un coro ensayando en la Catedral así que la visita quedo amenizada con música celestial. Acabado el recorrido a pie y después de hacernos la foto en la calle “Chemin de Espagnols” de Arlon, nos vamos para la sigueinte etapa: Martelange.

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Una de las pocas etapas de las que hay poco que decir. Solo que tiene muchas gasolineras siguiendo el trazado de la carretera. Nada que reseñar (al menos por ahora) en esta etapa, así que seguimos hacia Bastogne que tal vez os suene porque fue un punto estratégico en la Batallas de las Ardenas (Segunda Guerra Mundial). Con ese dato no os que no hayamos encontrado ningún edificio del Siglo XVI ni XVII. Lo que sí hay son multitud de referencias a la II Guerra Mundial, museos, estatuas, merchandising. Toda Bastogne es una exaltación a los aliados (y principalmente los norteamericanos). Muy curioso y, sí, recomendable aunque debemos irnos para alcanzar el resto de objetivos que llevamos en mente.

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Partimos, pues, para Roche-en-Ardenne. Con sorpresa incluida porque coincidió con las jornadas medievales de la población (ya de por sí muy turística). Todo era ebullición de gente yendo y viniendo.

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Tenía ilusión por volver a Marche y saludar allí a Jeanot que tan bien nos acogió el año pasado. Me fuí para su hotel y tuve la suerte de encontrarlo. Había pasado un año, él sólo nos vio unos minutos, así que lo más sencillo era que no me reconociera o que ni siquiera se acordara de mi.

Se acordó en cuanto le dije que era uno de los españoles que vinimos en bici el año pasado (no habría muchos, claro :-)). Nos estrechamos la mano contentos por el reencuentro. Le conté que estábamos recorriendo Valonia utilizando El Camino Español y que había parado a saludarle. Se alegró por ello y yo de haberlo hecho. Hicimos un ‘selfie’ y nos despedimos contentos por compartir ese momento.

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Avanzamos por las Ardenas. Precioso paisaje montañoso, frondoso y verde que da gusto recorrer. Una delicia para la vista. Marche-en-Famenne nos espera con su iglesia de Saint-Etienne y con su piedra para recordar el ‘Edicto Perpetuo‘. Y luego a los pocos metros con una casa de la época española (1665).

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Contentos por el objetivo cumplido y el nuevo hallazgo nos desviamos unos kilómetros del Camino Español para acercarnos hacia Lieja. En aquel entonces (Siglo XVI y XVII) daba nombre al Obispado que tenía un extensos territorios por la actual Bélgica (una larga franja de terreno incrustada en los Países Bajos Españoles y que se mantenía independiente gracias, seguramente, a su carácter profundamente católico y a su alianza sin reservas con España frente a los protestantes).

Es Lieja una ciudad industriosa e industrial, corazón económico de Valonia si bien es Namur quien ostenta la capitalidad. Esta visita también nos la organiza Turismo de Bélgica y nos permite conocer a Antonio, un guía italiano que en un muy buen castellano nos explica, con el poco tiempo que tenemos, lo más importante de Lieja: Una introducción histórica, el Palacio Obispal, los secretos de la minas excavadas en la propia Lieja, la relación con su importante río, las callejuelas más antiguas (algunas de ellas estrechísimas), el significado del ‘pilori’ y muchas más cosas que merece la pena visitar, finalizando la visita con el típico ‘peket’ una bebida con 40º que se puede beber flameada y que levanta el ánimo al más alicaído.

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Y es Bruselas la etapa que nos espera ya. Etapa final del Camino Español. Premio gordo para el visitante que se encuentra en corazón de la nueva ‘vieja Europa’ que estamos construyendo. Mezcla de tendencias, culturas, personas y pensamientos, es Bruselas el crisol donde se funde el ser europeo. Su bello centro histórico no deja indiferente a nadie y nadie escapa de su magnetismo. Encontraremos muchas huellas de la época española, muchas. Pero eso sería mañana, porque el dia de hoy había dado mucho de sí y necesitabamos el descanso como el respirar.

El Camino Español

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