Etapa 2. Bellegarde – Champagnole. A las cinco de la tarde se jodió todo. Con lo bien que íbamos…

Poneros en situación: Estamos calados y con frío. Llevamos 11 horas de ruta y mas de 120 kilómetros en las piernas. Son las 19:30 de la tarde, sigue lloviendo y no tenemos alojamiento. ¿Como se llega a una situación así?

Pues la respuesta es, en realidad, sencilla. Estamos en Francia y aquí los domingos cierran los hoteles. Tal vez penséis algo como  ¿Y a los turistas que viajan en fin de semana en pleno julio? Pues a esos que les den, sería una respuesta ajustada a la realidad.

Pero empecemos por el principio:

Sorprendentemente hemos salido (otra vez) a una hora razonable 8:45 AM con energías renovadas y un buen desayuno en el hotel Kyryad de Bellegarde (donde trabaja Cathy, francesa de padres murcianos, con la que charlamos en castellano un rato. Besos Cathy, para ti y para Frederique)

Lo dicho, con energía iniciamos la primera etapa que nos lleva a Nantua y a su precioso lago, atravesando la región del Jura que presta su nombre al periodo prehistórico ‘jurásico’ y que tan conocido es por la saga de películas de Spielberg (Parque Jurásico).

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Toda esta región es una absoluta belleza. No os podemos decir algo concreto porque es el conjunto el que resulta arrebatador. Está plagada de lagos que se intercalan entre montañas repletas de arboledas. Son muchos kilómetros de disfrutar ese paisaje como para seleccionar. Cuando atraviesas el majestuoso y tranquilo río Ain, las montañas dejan paso a los montes que mezclan arboledas y campos de cultivo . Y vacas, muchas vacas, mascando con parsimonia la abundatísima hierba.

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Y como el tiempo, aunque encapotado, aguantaba, pues todos felices. Buenos paisajes, buena carretera, sin tráfico. !Y con musica! Hemos conectado los altavoces e íbamos escuchando y cantando las canciones de Shakira, Estopa, Maná, … Un gozo ver las caras de los lugareños (Si veíamos alguno, claro, que parece que se esconden) mientras pasábamos por sus pueblos de cuatro casas con una sonrisa de oreja a oreja diciendo ‘Bon jourrrrrrrr’ Y moviendo la mano mientras nos alejamos como una exhalación dejando la estela de la música.  Ellos flipando, claro.  Nosotros partidos de la risa…y  que nos quiten lo bailao 🙂

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Todo iba muy bien la verdad. Nos preocupaba un poco no tener alojamiento en Doucier (Y es que sólo hay un hotel y estaba lleno porque cerca hay un lago y es temporada alta) pero teníamos previsto dormir a unos pocos kilómetros antes o después de Doucier. Así que a disfrutar de la vista y de la bici. Y como prueba de que merece la pena esta zona había muchísimos moteros. Signo inequivoco de buenos paisajes, buen asfalto y muchas curvas derivadas de las ondulaciones del terreno.

Plaza de la Fontaine, Arinthod

Plaza de la Fontaine, Arinthod

Para redondear el día, comimos bien.  Sin prisa, porque habíamos llegado bien a la etapa (Arinthod) y el descanso nos permitiría recuperar fuerzas (el ritmo había sido muy bueno). De nuevo retomamos la ruta hacia Orgelet y en el camino nos alcanzó un suizo con el que entablamos un poco de conversación. El suizo… se iba a Suiza… desde España!!! En España estuvo seis semanas recorriéndola en bici. Qué mérito…!!  Y así iba el tío que nos dejó atrás en tres pedaladas. Sea como fuere sellamos en Orgelet y a las cinco de tarde…

… A las cinco de la tarde, se jodió todo. Con lo bien íbamos…

Empezó a llover pero continuamos con ritmo firme. Nos acercábamos a Doucier (etapa final) y empezamos a preguntar por alojamientos. Cerrados. Ocupados.  Pasamos Doucier. Seguimos preguntando. Cerrados…  ¿Pero esto qué es? No podíamos seguir así. Cada parada era una perdida de tiempo. Retomar el ritmo un suplicio y se hacia tarde.

Tomamos la decisión de avanzar hasta la siguiente etapa (Champagnole. Que debíamos afrontar al día siguiente). Era una ciudad grande y habría más hoteles. Afrontamos los últimos 20 kilómetros con las energías más que justas. Lloviendo. Y con el frío metiéndose en las rodillas.

La llegada a Campagnole fue decepcionante. Nos dirigimos al centro lloviendo a cantaros. Nadie en la calle. Vemos, a lo lejos, a dos hombres. Nos acercamos y les preguntamos en francés:

— Hola, ¿sabéis de un hotel por aquí cerca?

— Uffff, difícil, … Dice.   ¿Cómo que difícil?, pienso yo …

— ¿De donde sois? nos pregunta.   Ostias… ¿Qué tendrá que ver eso ahora?, pienso

— De España, le decimos.

— Anda!  Yo soy de Murcia!     Amosnomejodas….

Total que muy amable (abrazo grande para todos los murcianos!)  nos da la dirección de un hotel. Y en la puerta del hotel estamos esperando no se bien qué porque el hotel está cerrado y otros que nos han dicho también.

¿Y ahora?

El Camino Español

PD: La rodilla bien, gracias. Me duele igual pero con el desarrollo adecuado (utilizando lo justo el plato grande) el movimiento de la pedalada es mas fluido y no me duele. Sigo con el tratamiento de hielo e ibuprofeno.

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