Etapa 4 – Besaçon – Luxueil-les-Bains. Recorriendo los ‘Enrique Iglesias’ que hay el Camino Español

Sí, es así. Nos hemos acordado mucho de Enrique Iglesias. Por lo menos durante los 38 kilómetros que separan Villerseixel de donde hoy pernoctamos (Luxeuil-les-bains) pero dejadme que empecemos por el principio que la etapa ha sido el día y la noche.

Salíamos de Besaçon como una exhalación… Claro que antes permitidnos, por favor, hacer un apunte con respecto a Besançon y al Franco-Condado y por qué El Camino a Español pasa por aquí.

Palacio de Granvela

Palacio de Granvela

El Franco-Condado perteneció durante casi doscientos años a la corona de los Austrias Españoles. De ahí que el Camino Español transcurriera por esta región que por entonces era Estado soberano y donde Felipe II era su rey. A los borgoñones esta relación les venía genial porque España les garantizaba estar a salvo de los franceses (cuanto dejó de ser viable esa seguridad, allá por finales del siglo XVII, Francia engulló al Franco-Condado… Y a Lorena, y a Alsacia…). Sea como fuere en Besançon como ciudad de referencia podemos encontrar buenos ejemplos de “huellas de la época española” (su magnífica ciudadela es una de ellas).

Ciudadela Besançon

Ciudadela Besançon

Salíamos de Besançon, decíamos, como una exhalación, casi sin dar ninguna vuelta por la ciudad, ni pasar varias veces por las mismas calles y sabiendo en todo momento donde estábamos y a donde íbamos :-/ Tomamos el camino del río para recorrer los 35 kilómetros que nos separaban de la primera etapa. 35 kilómetros remontando el curso de un río caudaloso y calmado. El carril bici en perfectas condiciones para que pedalear fuera un auténtico placer y más con semejante escenario. El río, escoltado siempre por frondosas arboledas, quedaba encauzado por montañas bajas pobladas a su vez de árboles. LA y yo hemos convenido que ésta etapa entraría, sin lugar a dudas, dentro del ‘top ten’ de las etapas que llevamos realizadas (y son cincuenta y pico…).

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Llevados por el entorno, los kilómetros han pasado sin esfuerzo (también ayuda que fuera plana…) y nos hemos quedado pasmados de lo rápido que había transcurrido la etapa y lo mucho que habíamos disfrutado recorriéndola. No pasaría lo mismo poco después…

Sellamos la credencial en la oficina de turismo (gracias Stephanie!) de Baume-les-Dames y salimos zumbando para Villersexel que era el punto de avituallamiento. La experiencia de mas de 450 kilómetros acumulados en las piernas desde que salimos hace 4 días hacen que el ritmo sea bueno y recorramos los 25 kilómetros con celeridad en parte para recuperar el tiempo que se nos escapa en las paradas para fotos, en las oficinas de turismo y alguna que otra vez que (supuestamente) nos perdemos.

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En Villerseixel a LA casi le da un síncope porque cuando hemos llegado al pueblo y hemos ido a un bar a comer algo rápido, nos han dicho que no podía ser que las cocinas estaban cerradas… Eran a la 13:45. Es la segunda vez que nos ocurre… a LA le sienta a cuerno quemado que a horas aun tempranas (para nosotros) tengan los santos coj…, con los tiempos que corren tambien en Francia, de rechazar a posibles clientes. Tenemos que recorrer otro kilómetro y ya fuera del pueblo (con todos sus bares cerrados) para encontrar un lugar donde comer (una ensalada buenísima, por cierto).

La digestión la hemos dejado para otro día porque enseguida hemos retomado la carretera. Teníamos ganas de llegar y eso ha empeorado las cosas. Se podría hablar tranquilamente de 38 kilómetros de un recorrido rompepiernas. Es decir con continuos cambios de rasante en los que cuando subes una cuesta (mas o menos prolongada) a esa le sigue otra y otra y otra… Es decir, un continuo ‘subiendo y bajando’ al estilo Enrique Iglesias que ha sido mentado hasta la saciedad (Gracias desde aquí Enrique por servirnos de sparring para superar esta dura prueba). El resultado de ese tipo de recorrido es que te impide coger ritmo y el desgaste físico acaba por minarte también la moral… En esas condiciones los kilómetros se hacen muuyyyyy largos.

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Pero como no hay mal que cien años dure, hemos llegado a Luxeuil-les-bains (con harta satisfacción) y hemos ido a saludar a Vanesa de la Oficina de Turismo que además de recibirnos, sellar las credenciales y obsequiarnos con una magníficas cerezas al licor y un libro sobre la ciudad, nos ha informado de que se celebraba en la ciudad un mercado al que hemos ido a festejar que la etapa, aunque exigente física y mentalmente, ha finalizado con éxito.

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Y de estos malos ratos aprende uno a reírse, pero lo que hemos gozado hoy recorriéndo ese río… eso ya es para nosotros.

El Camino Español

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